SOBRE MI EXPERIENCIA CON LOS REGISTROS AKÁSHICOS

LA LLEGADA DE LOS REGISTROS AKÁSHICOS A MI VIDA: DANDO LUZ A MIS MIEDOS

Cuando alguien me pregunta: ¿Qué son los Registros Akáshicos?, ¿cómo llegaron a tu vida?, ¿qué han supuesto para ti? comparto mi experiencia, quién soy, desde donde partía, situaciones vividas y transitadas y hacia dónde voy. Únicamente dándome esta oportunidad y a partir de mi propia puedo responder a estas preguntas.

He pasado situaciones complicadas, al igual que tantas y tantas almas, por ello a través de esta pagina web y todo lo que en ella se plasma, se me brinda una oportunidad que posibilita materializar uno de mis compromisos: difundir mi experiencia para poder ayudar a otras almas que pudieran estar transitando por experiencias similares.

La escritura es para mi una herramienta de sanación y los Registros Akáshicos me han permitido dar luz a aquellos bloqueos o situaciones que había transitado o me estaba tocando transitar. Situaciones que a nivel mental no entendía, bloqueos, miedos. En definitiva me guiaron a vivir de otra forma: desde mi cuerpo de luz.

Y ¿quién soy?. La que aquí escribe es un alma que venía con “heridas” con las que continuamente conectaba: rechazo, abandono, victimismo y unos patrones de rabia, exigencia, control, perfeccionismo y miedo. Sobre todo, este último a unos niveles exponenciales. Podría llamarse más que miedo, pánico. Miedo a todo, con una sensibilidad a flor de piel; pero sobre todo un miedo brutal a la muerte.

Y… como nada es casual…paradójicamente, la muerte ha estado presente desde mis primeros momentos de esta encarnación. Ya en mi gestación; estando mi madre embarazada de mi de dos meses, mi padre biológico Javier, al cual hoy le doy las gracias de corazón por estar ahí siempre, falleció.

Posteriormente, cuando yo contaba con seis años, la muerte vuelve a aparecer en mi vida. Mi hermana Maite deja este plano cuando ella contaba con 8 meses de edad. Esta vivencia fue diferente ya que dos meses antes de que ella falleciese yo recibo que va a morir. Se lo digo a mi familia, nadie me hace caso y verbalizan que lo que estoy diciendo son “cosas de niñas”. Yo insisto en que hagan algo porque ella va a morir. Dos meses después fallece.

Eso provoca en mí un sentimiento de culpa; de haber podido hacer «algo más» para que ella no falleciese, creyendo que había fallecido por mi culpa. No sería hasta muchos años después, a la luz de los Registros Akáshicos, cuando entendería el por qué y el para qué de esta y muchas otras situaciones vividas.

Cuatro años después, cuando yo tenía diez años, a finales del mes de junio voy a visitar a mi abuelo y le veo una “mancha blanca en la frente” y recibo que mi abuelo va a morir. Evidentemente esa mancha blanca solo se la veía yo y el feedback que recibo es que lo que estoy diciendo son tonterías. Mi abuelo fallece el 24 de julio de ese mismo año.

En mi infancia, aunque no me faltó de nada, yo conectaba profundamente con la soledad y con un no entender para qué estamos aquí. Veía un sin sentido este mundo y me repetía desde los 4 años como un mantra “no entiendo esta vida, total nacer para morir; para eso es mejor no nacer; tiene que haber algo más. Si no esto no tiene sentido”.

Y así fui creciendo, con un pánico a la muerte desde mi primeros años. Por ello, tras estas experiencias siempre comparto la necesidad de reflexionar sobre la visión que tenemos en torno a la muerte. Qué importante es hablar sobre ella, mirarla con otros ojos y entender que la vida no termina, que la vida es eterna.

Fui creciendo, transitando una adolescencia tremendamente convulsa llena de patrones de rabia, ira, tristeza y dolor. Y que hoy agradezco, por todo lo aprendido, honrando a mis padres por haber estado siempre ahí.

 Ya a mis 17 años, decido que quiero hacer trabajo social y mi vida da un giro; me convierto en la hija perfecta, en la pareja perfecta, en la estudiante perfecta y, posteriormente ,en la trabajadora perfecta.

Estudiosa y perfeccionista termino la carrera siendo premio nacional de trabajo social. Empiezo a trabajar nada más finalizar; dos años después me saco una oposición y así llego a mi vida adulta. Una vida aparente aparentemente completa. Funcionaria, directora, buena posición económica. Pareja estable desde los 17 años la cual me adora, dos hijas maravillosas. Muy reconocida por mi entorno, tanto personal como profesional y diréis: ¿qué más se puede pedir?

Pero a pesar de todo ello, yo sentía que en mi interior rumiaba un vacío existencial; sentía fuertemente que «tenía que haber algo más».

Y así fue pasando el tiempo, hasta que años después en un momento de estrés y fuerte cansancio físico me da un cólico al riñón. Esta situación ya me había pasado otras veces, pero esta vez iba a ser el inicio de algo muy potente: Mi oportunidad de despertar; de ser consciente, de conocerme profundamente; la oportunidad de seguir los dictados de mi alma y soltar todo aquello que me estaba impidiendo Ser quien realmente era.

Es en este momento, a raíz de el aviso de mi cuerpo físico en forma de cólico al riñón, cuando entro en una excesiva preocupación por mi salud y un miedo a morir atroz. Hipocondría lo etiqueto mi medica.

En este proceso habré tenido más de 30 “enfermedades” que mi ego una y otra vez estaba convencido que las padecía. Me se de memoria síntomas, músculos, dónde está cada ganglio del cuerpo y así me convertí en una especialista de mirar en internet. Sin yo darme cuenta mis hijas iban creciendo y yo no me estaba dando cuenta. LLegó un punto que no podía trabajar, mi preocupación y mi angustia iba a más y es en ese momento cuando reacciono, pido ayuda y comienzo una terapia psicológica transpersonal. Experimento un gran avance y aunque mis preocupaciones y miedos siguen ahí aparecen con menor intensidad y asiduidad. A pesar de ello la sensación de «vacío» persiste. Sigo conectando con no entender qué hacemos aquí y qué sentido tiene nuestra existencia; no entendiendo muchas de las cosas que me estaban ocurriendo a mi y que estaban ocurriendo a mi alrededor.

Un año después, en la propia página web del centro al que yo acudía a terapia veo “lecturas de registros akashicos”. Y algo dentro de mi me lleva a solicitarla.

Los días previos a la lectura me empiezo, literalmente a «acojonar» y en mi patrón de control empiezo a buscar en internet. Sorprendentemente, una especialista como yo en buscar en internet y no encuentro nada. Y así es como llega mi primera lectura de Registros Akáshicos. Tras la lectura me siento con una sensación ambivalente. Por un lado siento que por fin he encontrado «eso» que tanto anhelaba, «eso» que siempre había buscado y me embriagaba un estado de paz y, por otro lado, sentía miedo porque tenía la certeza que este paso que había dado iba suponer en mi vida un «antes y un después», encontrándome desubicada y «fuera de mi zona de confort».

Inicio un trabajo potente con la herramienta de los Registros akáshicos y mis procesos de hipocondría y ansiedad. Mi estrategia hasta entonces siempre había sido eliminar el miedo; eliminar a mi ego y a través de las lecturas de Registros Akáshicos y el trabajo mostrado aprendí a mirar el miedo de frente, abrazarlo, para poder sanarlo y trascenderlo.

Como he comentado anteriormente, para mí, la llegada de los Registros Akáshicos a mi vida supuso conectar con mi alma y dar luz desde ahí a mi ego, a mi niña interior e ir conociendome, soltando miedos, creencias y vibraciones que me estaban impidiendo Ser.

Aprendí a mirar, abrazar a ese miedo y en pleno proceso de hipocondría, comencé a escribirle a la luz de los Registros Akáshicos. A continuación comparto uno de los escritos mostrados.

Vienes sin avisar. Como un huracán frío, intenso. Te instalas en mi cuerpo, tiñes mi garganta, mi pecho y mi corazón. Bajas hasta el estómago. Siento la parálisis, el frio, el espesor; la negrura. Me sofoco, no puedo respirar; me tiemblan las piernas: me monopolizas el pensamiento, la vida; solo existes tú, no hay nadie más. Te has instalado en mi vida o quizás has estado desde siempre; aunque últimamente te has hecho más presente. Paradojas de la vida; creo que, aunque llevas conmigo 38 años, aun no te conozco de verdad. No sé quien eres. Te he sentido sí; pero no de manera consciente: Cada vez que apareces quiero taparte; quiero eliminarte; quiero que te vayas. Creo que intentas decirme algo o quizás con el tiempo te dé las gracias por el aprendizaje. Necesito mirarte, mirarte, observarte, verte; sentirte; esta vez sí conscientemente. Necesito convencerme de que es necesario un tiempo para que desde el corazón y la conciencia más pura aprenda a convivir contigo; solo en ese momento podré abrazarte de verdad y agradecerte los aprendizajes vividos. Será en ese preciso instante cuando fluirás de verdad y tu vibración trascenderá al infinito.

Así que, por todo lo transmitido, transitado y trascendido durante estos años, cuando me preguntan: ¿Qué supone para ti la herramienta de los Registros Akáshicos?. Siempre contesto: supone en cada acción, en cada decisión, en cada paso que doy en mi vida seguir los Dictados de mi Alma, llevar las riendas de mi vida, permitiéndome Ser en libertad, coherencia y autenticidad. Supone la «lucecita» que me guía en este tránsito llamado vida.

Esta es parte de mi experiencia con los Registros Akáshicos. Cada experiencia es única y, por ello, también siempre digo: Atrévete a vivir tu propia experiencia.

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