La situación que estamos viviendo actualmente en España ha puesto en primera línea de periódicos, titulares de prensa, televisiones y en nosotros mismos la palabra “muerte”.
Si bien las reflexiones en torno a la muerte y las preguntas sobre nuestra existencia son inherentes al ser humano, esta situación ha dado la oportunidad de verbalizar, hablar, nombrar una palabra que es el gran tabú de nuestra sociedad.
En estos meses, algo que generalmente permanecía oculto, o que, desgraciadamente poco se nombraba, ha empezado a visibilizarse. Escritos, notas de prensa sobre el número de muertes en nuestro país, programas de televisión sobre el duelo, cursos sobre cómo acompañar en procesos de duelo en tiempos de Covid, etc.
También ha hecho que pensemos sobre “ese momento de retorno a Nuestro Hogar”, tanto propio como de nuestros seres queridos y nos hagamos preguntas (cada uno la suyas) y reflexionemos sobre la VIDA, sí sobre la VIDA, porque reflexionar sobre la muerte, es reflexionar sobre la vida, abrazar la muerte, es abrazar la vida.
Esa situación que nos parecía tan lejana, en estos meses la vida nos lo trae cerca, como una oportunidad para mirar como nos situamos, cómo nos posicionamos ante un momento vital que sabemos que todos y cada uno de nosotros hemos transitado en otras encarnaciones y vamos a transitar en esta.
Más allá del COVID, las almas seguirán retornando a nuestro Hogar Espiritual, más allá del COVID, grandes almas están llegando también a Gaia y así seguirá siendo, porque este viaje de ida y vuelta son dos caras de una misma moneda: Cielo y Tierra/ Tierra y Cielo; Vida y Muerte/Muerte y vida.
Toda situación que transitamos nos da oportunidades; solo tenemos que abrirnos a verlas. Yo misma, mientras redacto este escrito a la luz de los Registros Akáshicos, veo como las “piezas del puzzle” van encajando, van cobrando sentido.
Quien redacta estas líneas es un alma que, en esta encarnación, encarnó con un pánico terrible hacia esa palabra “muerte” y un miedo atroz a todo lo que tuviera que ver con ella y, paradójicamente, esta ha estado muy presente en mi vida. Ya desde el momento de mi gestación con el fallecimiento de mi padre y en mi primera infancia con la partida de mi hermana cuando yo tenia siete años.
En mi niñez y también hasta bien entrada en mi edad adulta, vi estas situaciones como una “putada” (literalmente y siento la expresión). No entendía nada, no entendía la muerte y no entendía la vida. No entendía que hacía en este planeta llamado tierra y, sobre todo, no entendía para que nacemos si total íbamos a morir. Tenía que haber “algo más”, un por qué y un para qué que yo no lograba ni ver, ni comprender, ni sentir.
Sonrío cuando en mi primera lectura de Registros me mostraron que “a pesar de ese pánico a la muerte, ese miedo era como aquel domador de leones que tiene mucho miedo a los animales, que tenía que acercarse a ellos y abrazarlos para poder realizar su trabajo y que, con el tiempo, el tema de la muerte era algo sobre lo que yo iba a profundizar y me iba a atraer mucho”. En ese momento, hoy sé que mi alma encontró Paz, pero mi ego pensó: “¿yo? ¿leer sobre la muerte? ¿hablar sobre la muerte? ¿profundizar en ella?….¡¡¡Ni de coña¡¡¡ me pongo mala, enferma solo de pensarlo”.
Hoy cobra sentido todo aquello, hoy cobra sentido lo que se me mostró y que en lecturas posteriores fueron dándole forma; hoy cobra sentido todo lo trabajado con mis Maestros, Guías y Seres Queridos, porque la muerte, tal y como nos la han contado, no existe. Por que la muerte es una vuelta a Casa, un retorno hacia nuestro Hogar Espiritual una vez que hemos concluido nuestro propósito, nuestra misión en la tierra. “Muerte y vida/ vida y muerte: dos caras de la misma moneda”.
A la luz de la herramienta de los Registros Akáshicos he ido sanando, entendiendo y abrazando a la muerte, mi propia muerte y la de mis seres queridos y abrazando, abrazando a la vida, CONFIANDO, soltando resistencias y abriéndome a mi viaje álmico, respetándolo, cuidándolo y respetando también los viajes álmicos de mis seres queridos.
Algunos de mis seres queridos han partido ya hacia nuestro Hogar Espiritual, otros siguen aquí, físicamente a mi lado, partirán cuando ellos hayan pactado; yo partiré cuando lo haya pactado. Y todo ello es perfecto.
Siento que tanto las almas que están al “otro lado”, como las que permanecemos aquí, seguimos acompañándonos, cumpliendo cada una nuestra función, en este lado y en el otro lado, ya que la vida no termina con la muerte física; la vida es eterna.
Cada alma está aquí y ahora en el lugar que le corresponde. No podemos poner “puertas al mar”. Tenemos dos opciones: resistirnos y sufrir, o abrirnos a la vida, disfrutarla e integrarla plenamente como lo que es: un continuo cielo/tierra…tierra/cielo; en “este lado”, en el “otro lado”, aceptando el CICLO DE LA VIDA.
Hoy siento y sé que tanto mi padre como mi hermana hicieron un pacto maravilloso conmigo. Dos almas “grandes” “valientes” que, tras cumplir su pacto, tras cumplir su propósito álmico; mi padre a los 26 años y mi hermana a los 8 meses de edad, retornaron a Nuestro Hogar Espiritual.
Integrando, trabajando con mis Registros Akáshicos la muerte, he podido ir abrazando otras partidas de seres queridos de diferente manera. Desde la paz, desde el amor incondicional, desde la aceptación. Desde lo humano viviendo el duelo (tan necesario y del que poco se habla) pero entendiendo que su momento había llegado, que su viaje había concluido y regresaban a Casa.
Estas experiencias, este indagar, conocer, me ha posibilitado a través de lo transitado, detectar algunas cuestiones que, tanto a nosotros como seres de luz encarnados en la tierra, como a las almas que inician su viaje hacia nuestro Hogar Espiritual, nos puede dificultar este proceso. Este proceso de “dejar ir”; ese proceso de “soltar amarras”, ese proceso de “retornar hacia nuestro Hogar Espiritual”.
Lo que no se nombra no existe. No visibilizar lo obvio nos niega la posibilidad de vivir en libertad.
Si existe una certidumbre en nuestra vida, es que todos sabemos que en algún momento vamos a retornar hacia el lugar del que hemos venido; a nuestro Hogar Espiritual. A pesar de ello, la muerte ha sido y sigue siendo el “gran tema tabú”. Se oculta a los niños, se evita hablar sobre ella en el mundo adulto.
Lo que no se nombra, lo que no se verbaliza, no existe; pero no existe a la luz de nuestro Ego, por resistencias, creencias o miedos. No visibilizar lo obvio nos niega la posibilidad de vivir en libertad; nos niega la posibilidad de integrar el continuo del Ciclo de la Vida y nos impide abrazar lo que realmente somos: Seres de luz encarnados en la tierra, viviendo una experiencia humana que, una vez concluida, retornamos a Nuestro Hogar.
Si pensamos qué nos han contado sobre la muerte, que vivencias hemos tenido en torno a ella, podemos contestarnos a las siguientes preguntas: ¿qué significado se le ha dado a la palabra muerte? ¿hablamos de ella con nuestros seres queridos? ¿qué nos sugiere esta palabra? ¿con qué la relacionamos? ¿cambiaría nuestro posicionamiento ante la muerte si desde pequeños nos contaran que estamos aquí de paso, cumpliendo un propósito, una misión, y que una vez concluido retornamos a Casa? ¿cambiarían nuestras vivencias si nos contasen que la muerte es un paso a un nuevo estado de conciencia en el que se continúa experimentando?
El miedo a nuestra propia muerte o la muerte de nuestros seres queridos ha sido una constante en nuestra sociedad. En este sentido y, parafraseando al gran Maestro Yogananda, “la mejor manera de vencer el miedo a la muerte consiste en darnos cuenta de que no somos esta carcasa llamada cuerpo sino el espíritu inmortal que lo utiliza para experimentar y crecer durante una etapa más o menos breve de tiempo. Saber esto, comprobarlo y vivirlo nos sitúa en un camino auténtico de liberación que es el que nos conduce a la verdadera felicidad. Pero para conseguir esto tenemos que concienciar día a día lo que sí somos, que esa conciencia o testigo que observa todo lo que hacemos a través del vehículo cuerpo y de los personajes que en cada momento interpretamos. Esto es necesario afianzarlo en nuestra conciencia para conseguir deshacer de nuestra mente hipnosis y hábitos de siglos y siglos de existencias que nos llevan a creer una y otra vez que solo lo externo, o sea nuestra personalidad cuerpo-mente, es lo real”.
Si verbalizamos nuestros posicionamientos, nuestras creencias, nuestros sentires, si le damos un espacio a esta parte de nuestra existencia como es el retorno a Casa, podemos ir descubriendo como integramos en todos nuestros cuerpos esa experiencia.
En nuestra sociedad hablamos de nacimientos, hablamos de la llegada de nuevas almas a la tierra ¿por qué no hablar también del resto del camino? ¿Por qué no visibilizar esa parte de nuestra existencia por la que sí o sí vamos a pasar todas las almas que estamos encarnadas aquí en la tierra?
Nacimiento y muerte son dos experiencias que todas las almas que hemos encarnado en Gaia hemos transitado y vamos a transitar. Y es que la experiencia de la muerte, es casi idéntica al nacimiento; en palabras de Elisabeth Kubler Ross “Morir significa simplemente mudarse a una casa más bella”
Vivir conscientemente, nos posibilita morir conscientemente.
Una de las preocupaciones, obstáculos o dificultades con las que se encuentran las almas que van a partir hacia nuestro Hogar Espiritual así como sus seres queridos que se quedan aquí en la tierra, son lo que se denomina “asuntos inconclusos”. Esa palabra no dicha, aquello que queríamos hacer, pero no hicimos, ese distanciamiento en vida por una discusión y todo aquello que podáis sentir, cuando os venga la frase de tendría que…” tendría que haber hecho”, “tendría que haber dicho, “me hubiera gustado.…”.
Por ello os invito a “no quedaros con las ganas” y seguir fielmente los dictados de vuestra alma. Tenemos la herramienta que nos posibilita este acceso a lo más profundo de nuestra esencia; a lo que realmente somos: Los Registros Akáshicos. A la luz de ella podemos discernir los deseos provenientes de nuestro ego o provenientes de nuestra alma, la llamada de lo que realmente somos y a lo que hemos venido aquí en la tierra.
Vivir conscientemente es indispensable para poder morir conscientemente. Si vivimos conscientemente, de manera consecuente con lo que nuestra alma ha pactado, si nos permitimos Ser en libertad, coherencia y autenticidad, decidiendo cada uno de nosotros en cada momento conforme a los dictados de nuestra alma. Si nuestras acciones siguen la premisa del amor incondicional, podremos, una vez finalizado nuestro propósito aquí en la tierra, seguir nuestro camino hacia “el otro lado” de manera consciente. No quedaran asuntos inconclusos, no quedaran “me hubiera gustado que”, no quedaran palabras por decir a nuestros seres queridos, no quedaran amarras que nos impidan iniciar ese tránsito de manera amorosa, consciente y en paz.
Del mismo modo, cuando nuestros seres queridos partan hacia nuestro Hogar Espiritual sentiremos que hemos dicho, hecho y actuado siempre conforme a los dictados de nuestra alma con esa persona que retorna a Casa, desde el amor incondicional, aceptando su viaje y sintiendo desde lo más profundo de nuestro Ser que vivimos en Gaia con esa alma tal y como sentimos desde nuestra esencia en cada momento.
Respeto a los planes álmicos: Soltar amarras
Cuando un ser querido retorna a Casa una de las mayores dificultades a la que nos encontramos es “soltar amarras”. “Soltar” a ese ser querido que ha finalizado su viaje en Gaia. Que lo prosigue ya en otro plano; pero que nosotros, desde el punto de vista humano, queremos seguir teniéndolo físicamente a nuestro lado.
Yo misma he sido consciente de esas “amarras” cuando un ser querido va a partir al “otro lado” y he llegado a la conclusión que detrás de esas amarras lo que hay es apego. He experienciado que darte cuenta de ello y trabajarlo, posibilita un tránsito más fluido para nuestro ser querido que inicia la partida y al alma que se queda aquí en la tierra le permite seguir viviendo en Paz, en libertad.
Esas “amarras” pueden ser conscientes o inconscientes. A través del trabajo con mis Registros Akáshicos, cuatro meses antes del retorno a Casa de mi abuela, yo recibí que de manera inconsciente la estaba reteniendo aquí en la tierra. Mi parte humana la quería tener físicamente cerca, que ella estuviera ahí, como siempre había estado, y ello no era para el mayor bien. Durante esos meses estuve haciendo ese trabajo de “soltar amarras”. A la luz de los registros Akáshicos integré que el viaje álmico de mi abuela había finalizado e hice mi parte, tal y como mostraron, liberándola de las ataduras conscientes e inconscientes que por mi parte podían estar reteniéndola aquí. Fue un trabajo que recuerdo con especial cariño y puedo asegurar que el retorno de ella hacia nuestro Hogar espiritual fue un retorno lleno de amor, fluido, alegre y en paz.
Queramos o no, cada alma ha pactado su momento de partida hacia Nuestro Hogar y no podemos interferir sobre ello. No queda otra, sino queremos interferir en el viaje de otras almas, sino queremos sufrir y no aceptar lo que es inevitable, que trabajar nuestros apegos, nuestras ataduras conscientes e inconscientes y VOLAR EN LIBERTAD/DEJAR VOLAR EN LIBERTAD.
La importancia del duelo
Por experiencia propia, el hecho de respetar, aceptar e integrar los planes álmicos, el viaje de cada alma, el momento de vuelta a casa de un ser querido no quiere decir que no pasemos desde lo humano por un tiempo de duelo, cada cual el suyo, pero que debe ser respetado.
Toda “pérdida” lleva aparejado un duelo. Un duelo a mirar, abrazar, sentir y transitar.
Transitar un duelo es necesario para poder soltar, para poder sanar, para no quedarnos anclados en “esa pérdida física de nuestro Ser querido”.
En mi experiencia, la herramienta de los Registros Akáshicos es la más potente que existe para poderlos transitar, comprender, abrazar, integrar. Agradezco profundamente su entrada en mi vida; ya que en mi caso me ayudaron a comprender transitar y soltar el duelo por el fallecimiento de mi hermana 32 años después de que este hubiera ocurrido.
Entre el Cielo y la Tierra; siempre estamos acompañados en la vuelta a casa
Como he comentado anteriormente, el viaje del alma es continuo, Cielo/Tierra- Tierra/Cielo, “en este lado”, “en el otro lado” y SIEMPRE, SIEMPRE estamos acompañados, incluso en tiempos de COVID.
Las personas que hemos perdido un ser querido en esta época, hemos podido conectar con que nuestros seres queridos han vivido sus últimas horas en la tierra en soledad, sin estar acompañados. Almas grandes y valientes, para todas ellas mi homenaje y mi reconocimiento. No obstante, si bien no han podido estar acompañadas físicamente por nosotros, ellas han estado en todo momento acompañadas, guiadas y sostenidas por Maestros, Guías y Seres queridos y por nuestros Hermanos de Luz en ese tránsito de vuelta a casa.
Desde este lado, en el otro lado: Todos somos Uno
Ya para concluir, siento y sé que cada alma tiene su propio viaje. Está aquí y ahora donde tiene que estar: “en este lado”, “en el otro lado, TODOS SOMOS UNO.
Las almas que ya han partido hacia nuestro Hogar Espiritual están aquí y ahora cumpliendo su función. Las almas que aquí y ahora seguimos en Gaia, también cumplimos nuestra función, nuestro propósito, nuestra misión.
Tenemos en nuestras manos la GRAN OPORTUNIDAD, ahora sí que sí. OTRO MUNDO ES POSIBLE. Si miramos con los ojos del alma podemos verlo. Hemos esperado miles de encarnaciones, es el “broche final”. POR NOSOTROS, POR ELLOS, POR LOS QUE VENDRÁN, POR LOS QUE SE IRÁN, POR LOS QUE VOLVERÁN, POR LOS QUE PERMANECERAN… ¡¡¡¡¡¡HA LLEGADO EL MOMENTO!!!!!


